8 compras de beachwear para lucirte en la playa


Llamémosle playa, llamémosle piscina, llamémosle reducto con agua y sol. Sea como fuere, es importante tener tu par de cositas monas para no ir descontextualizada. Y aprovechar las rebajas para renovar ese armario es también una buena idea. Así que hoy te dejo 8 compras básicas de beachwear para que seas la más mona del lugar.
  1. Unas alpargatas. Si son en vichy ya matas dos pájaros de un tiro. Si las vas a meter en la arena, que sean ya siempre para la arena (nunca más podrás quitársela de todo). No es lo idóneo pero sí es cierto que unas planitas resultan muy cómodas para los pies, es un calzado natural, y si ya son para la playa pues no hay problema. Son de aquí.
  2. Un mono de algodón. Que no tiene por qué ser blanco. Puede ser incluso negro. Aprovecha para llevarlo escotadísimo ya que llevarás el traje de baño por debajo. De aquí.
  3. Un vestido túnica. Comodísimo sobre todo con niños pequeños y eso de tener que agacharse mil veces (para meterlos en el coche, para sacarlos del coche, para llevar el maletero, para vaciar el maletero, y así sucesivamente). Es de aquí. 
  4. Una túnica tipo caftán. En modo largo es fantástica incluso para embarazadas. O para disimular piernas. O para que te anochezca en la playa sin pasar tanto frío. De aquí. 
  5. Una camisola de lino. O de algodón. Una maxi camisa es maravillosa para la playa. Ni cansa ni aburre y te combina con todo. De aquí. 
  6. Una túnica larga de lino. Para las que prefieren un rollo más salvaje de ponerse algo por encima y ya. Fantástica. De aquí. 
  7. Unas chanclas bonitas. O muy horteras. O diferentes. Pero atrévete a ponerle algo de gracia al asunto más allá de las clásicas. Son de aquí. 
  8. Una bolsa de playa. Tanto los capazos de rafia como las bolsas de algodón (que son mi última obsesión), que son ideales para viajar porque no ocupan pero al mismo tiempo, son enormes. La tienes aquí.
No se te ocurra: ropa de la calle, de la normal, a la playa. Primero, porque se estropea. Y segundo, porque es altamente incómoda.
Dejar la ropa vieja y pelotillera para ir a la playa. La playa no es el salón de tu casa que tengas que pintar. Ni el trastero al que le toque limpieza general. Vete mona.
Tener más de lo necesario. Cómprate lo que realmente te vayas a poner. Ni más, ni menos.
Recargarte. No entiendo la necesidad de llevar collares o pulseras a la playa como si fueras un muestrario de escaparate. ¿Y las marcas del sol?
Ir con pintas. Mutar en una omaíta extraña. No pierdas el decoro, ni el saber estar, ni el estilo; nunca.
Olvidarte de los pies. Sí, otra vez te estoy hablando de los pies. Pero no arruines un bonito look con unos pies o unas chanclas asquerosos/as.

Lo encontrarás en: en cada punto, su link.

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