lunes, 30 de marzo de 2009

Cuánta vida

Con esta canción de Pastora mi blog vuelve a la vida. Aunque las mudanzas son largas y duraderas en el tiempo y el espacio, lo peor ya está hecho. Así que poco a poco volvemos a la normalidad, que ya era hora de dedicaros el tiempo que os merecéis.

Si hablamos de vida, y mucha, nos viene a colación la que tiene un vestido negro. Por descontado es junto a una camisa blanca y a unos vaqueros, la pieza elemental en nuestro fondo de armario. Tiene mucha vida por su enorme versatilidad, por la cantidad de diferentes opciones de combinaciones posibles que tiene. Vamos a ver algunas, diferentes entre sí, para sacarle el máximo partido a un vestido negro:
  1. La formal: para un evento es el recurso ideal. Lo combinamos con unas medias tupidas y un zapato de color más un abrigo de buen corte y asunto resuelto. Fundamental en estos casos mantener la sobriedad dejando que sea sólo un elemento el que destaque sobre los demás, como un broche o lo dicho, un zapato de color, de ante y taconazo. Incluso o un buen y bonito bolso de mano.
  2. La intermedia: es la que sirve para un evento algo más informal o para un día a día más atrevido. Para ello, combinaremos nuestro vestido con calcetines altos, bajo la rodilla. Con sandalias o zapato. Para informalizarlo, puedo ponerme una cazadora estilo Perfecto o una biker. Para opciones más naïf, con un abrigo de corte recto y cuellos claudine. Con una Lulaila le daré el toque buscado.
  3. La arriesgada: consiste en romper con los tópicos del vestido negro y llevarlo al extremo. Como combinándolo con unas botas estilo motero, y si me atrevo, sin medias. Un foulard estrecho y largo y una chaqueta de punto grueso, larga. y ahora que llega el buen tiempo, recuperando la cazadora vaquera de los pasados 90.
Lo ideal en estos momentos tan extraños es hacerse con prendas camaleónicas, que nos permitan cambiar de estilo sólo a través de los aderezos que elijamos.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: las combinaciones extrañas de botas moteras y collares largos de perlas, por ejemplo. Para una editorial de moda puede ser excelente idea, pero para la mujer real, es arriesgado. O eres Agyness u olvídate de mezclas raritas.
El vestido negro eterno. Que sea un básico no significa que no puedas renovarlo. El tema pelotillas queda bastante antiéstetico.
Pasarte. Un vestido negro es per se, maravilloso (claro, siempre que el corte y el tejido acompañen) así que no te empeñes en zapatos de colores, medias de colores, abrigos de colores y todo tipo de accesorios excesivos. Te lo comerás.
Vestido cutrones. Esto no quiere decir que tengas que comprarte obligatoriamente uno mega caro. Significa que tienes que aprender a valorar los tejidos y a elegir el de mejor calidad. No siempre el precio expresa este valor.

Lo encontrarás en: el vestido es de Zara. El conjunto de la deerecha, de Masscob.

jueves, 12 de marzo de 2009

La pena

Queridos/as todos/as:
vaya por delante: os quiero. Pero por unos días estaré completamente desconectada y nunca mejor dicho, ya que tecnología y mudanza parecen no llevarse demasiado bien. Así que hasta que los cables vuelvan a mi vida (o la conexión de internet móvil se reconcilie con mi ordenador), dejaré éste mi espacio, por un momento, apartado de mi vida.

Espero que sigáis siendo fieles a la vuelta.

Seguid tan guapas. Y guapos.

jueves, 5 de marzo de 2009

Una mano en la cintura


Así se pasa el día Beni: pensando en su cintura. Su talle es muy largo y le proporciona más de un quebradero de cabeza a la hora de vestirse para que sus piernas no parezcan cortas y sobre todo, para sentirse cómoda. Así que en Blog of Beauty, en nuestro Beauty Club de hoy, le voy a dar alguna clave para que pueda verse mejor. Una de ellas es con este conjunto de la derecha, de Mango, compuesto de un pantalón de talle alto de H&M que combinará con plataformas de madera y una blusa ceñida en la parte superior, siempre en algún color claro. Si tiene frío, la chaqueta corta y de manga francesa, para establcer diferentes cortes.

Lo demás, aquí.

Seguid tan guapas.

martes, 3 de marzo de 2009

No se te ocurra: Fame

Lo de ponerse a bailar por doquier está muy bien. Es sano y divertido. Además parece que las televisiones han descubierto que se trata de un buen filón económico que atrae audiencia y desde hace algún tiempo nos inundan con programas de similares contenidos. Sin embargo, aquéllo de lo que quiero hablar no tiene nada que ver con esto. Es más, no sé por qué a alguien se le ha ocurrido extraerlo de su natural contexto y meterlo en donde no corresponde. Me refiero a los calentadores.

Los calentadores son esa especie de calcetines sin dedos ni talón, en lana gruesa y de colores (o negros) que se ponen sobre el calzado para calentar los tobillos y que éstos no sufran al bailar. Dicho está: al bailar. Así que llevarlos por la calle no tiene sentido, por mucho que nuestro espíritu musical nos haga ir danzando en nuestro fuero interno.

Del baile saltaron a los gimnasios con el boom del aerobic en los ochenta, en los que veíamos a Eva Nasarre o a Jane Fonda luciendo tipito con sus maillot de colores. Y de ahí a la calle, pero repito: eran los ochenta. Buena época para la música pero difícil para la moda.

Sin embargo, parece que se sigue epeñado en volver a tropezar con los errores del pasado, y volvemos a satanizar a los pobres calentadores que tan monos están en sus estudios de baile al verlos cubriendo enormes botas de estilo Art acompañando a minifaldas de colores y escuetas cazadoras bomber de cuello de pelo. ¿Dónde se ha quedado el sentido de la estética? ¿Es que alguien puede verse estilizada y bella luciendo de este modo?

Dejo la pregunta abierta porque puede que alguien sí tenga una razón de peso y consiga hacerme cambiar de opinión.

Seguid tan guapas.
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