miércoles, 30 de abril de 2008

Tú sí que vales

La saga bodas parecía terminada. Lo que yo no sabía es que se me escapaba el elemento más importante de la misma: el novio. Básicamente, porque aunque nos hace más ilusión el vestido o el ramo (y ya no digo los zapatos) con el novio tendremos que compartir una parte importante de nuestra vida. Así que será mejor elegirlo bien. No sea que nos salga defectuoso y que la empresa no se haga responsable de la garantía.

El caso es que el novio ha de estar presente en la boda. Y como tal, habrá de ir vestido acorde al evento. Lo mismo, los invitados masculinos que acudan. Así que las recomendaciones son válidas para uno u otro papel.

¿Cómo ha de vestirse un hombre en una boda? Existen tres alternativas:
  1. La que está más de moda y es la correcta en bodas de mañana o de primeras horas de la tarde es el uso del chaqué. La diferencia entre el chaqué y frac (además de en el uso, ya que el frac exije una mayor etiqueta y su uso está limitado a la noche) reside en la forma de la parte delantera de la chaqueta (en el frac es como una torera con cola trasera), en la camisa (de pechera rígida en el frac) y en la corbata, que en el frac es una pajarita de color blanco. Bien, decíamos que lo correcto es utilizar el chaqué. Ha de ser confeccionado a medida, y más si eres el novio. Las licencias que se pueden permitir se reducen al chaleco y a la corbata. El chaleco puede llevar abotonadura frontal recta o cruzada. O tener unas leves solapas. Ir ligeramente brocado. En colores pastel o brillantes. La camisa apropiada es blanca con gemelos. La corbata siempre en un tono que coordine con el chaleco, pero no es necesario que formen un juego perfecto (no hace falta chaleco escarlata + corbata escarlata). Se lleva con tirantes. El nudo de la corbata sin experimentos. Un clásico nudo doble Windsor es más que apropiado. El chaqué lo lucen el novio, el padrino y los testigos. El resto de varones invitados irá de traje.
  2. Otras opciones son las alternativas y más modernas. Como bodas en la playa o sin ningún tipo de protocolo. Para una boda estilo Ibiza o playas de Tarifa, apuesto por un look en blanco total. Fundamental unos pantalones de pinzas confeccionados en lino con el detalle de un cinturón de cordón anudado a un lado. Complemento de cierre de lo más chic: un sombrero de panamá. Unas sandalias de cuero marrón y tiras estilo romano, son el calzado perfecto.
  3. Por último están las bodas en las que el novio decide no vestir de chaqué. Entonces irá de traje de chaqueta y pantalón. El de la fotografía superior se adapta fundamentalmente al estilo de los invitados, ya que para el novio rigen otros parámetros. El traje del novio puede permitirse la licencia de un chaleco, aunque particularmente no los comparto. Además, llevará una chaqueta de abotonadura en línea con dos botones, dos aberturas traseras y de color azul marino. Cuidado con los pantalones de corte italiano (estrechos abajo) para el novio: no son lo adecuado. La camisa será blanca con gemelos. Se admite también con una leve línea de color azul claro, muy sutil. La corbata siempre de seda del color que le favorezca, nunca demasiado llamativa. El nudo, de nuevo doble Windsor. El cinturón coordinado con los zapatos. Los invitados pueden arriesgar más con el traje. Pero siempre teniendo en cuenta de que se trata de un traje y como tal ha de ser usado: con corbata, camisa y cinturón. En colores y materiales disfrutan de mayor libertad que el novio.
En cuanto a los zapatos, éstos serán de cordones, de color negro, punta redonda y brillantes (nunca de charol. Ésos para el frac). Los calcetines, de hilo y color negro. Los hombres no llevan más complementos que el reloj (siempre bueno) y la alianza de matrimonio: el que la tenga y quiera llevarla.

Lo más importante es olvidarse los nervios en casa. Que por mucho que lo nieguen, dejar la soltería es algo que los asusta...

Seguid tan sumamente bellos.

No se te ocurra: Si tu boda es en la playa, vigila el calzado que eliges. Hacerse con las sandalias adecuadas, en cuero marrón, requiere atención y cuidado. Es fácil caer en la guirichancla.
Si decides ir de traje y eres el novio, ni pienses remotamente en llevar uno de raya diplomática. Creo que ni el gran Don Vito Corleone lo llevó en su boda.
Para los trajes y el chaqué no jugamos con los zapatos. Las opciones son muy pocas y no experimentamos más. Cuidado con las puntas cuadradas, los zapatos blancos ni demás asuntos moderniles.
Ir de chaqué si el novio no lo lleva.
Llevar una pajarita al mediodía. Salvo que el protocolo no exista y sea una boda alternativa.
Ir de esmoquin al mediodía. El esmoquin tiene un uso exclusivo de noche, y puede ser de etiqueta (si van chaqueta y pantalón coordinada) o de media etiqueta (la chaqueta y el pantalón de diferente color). Particulamente, no me parece un atuendo adecuado para una boda. Salvo que la ceremonia se realice a las 10 de la noche.
Llevar calcetines ejecutivos con los zapatos. Con los pelillos vislumbrándose... no.
Si vas de blanco en tu bodaplaya, presta atención a la ropa interior. Unos boxer de algodón de batista de color blanco son suficientes.
Si vas de traje, ni se te ocurra ni remotamente ir de levita, ni de brocados, ni de color beig, ni gris perla, ni corbatines extraños, ni nudos moderniles, ni perlitas, ni fajines, ni cosas raras. Salvo que tu boda sea en Las Vegas y quieras emular a Elvis.
Llevar tu reloj Casio. Sí, lo quieres mucho. Pero si no tienes uno bueno (que tampoco hace falta que sea un Omega), no lo lleves.

Lo encontrarás en: el chaqué es mejor hacérselo a medida en sastrerías especializadas. El príncipe Carlos de Inglaterra, aunque no es un sex symbol, lo lleva como nadie. Innovando pero siempre con tanta ceremonia y elegancia. El modelito playa es de Antonio Miró. Y el traje para invitado que está en tercer lugar, de Hugo Boss.

lunes, 28 de abril de 2008

Tu minuto de gloria

Dos días hablando de invitados, de invitados epeciales, y con una fotografía de un vestido maravilloso de Tsumori Chisato que bien podría valer para una boda en la playa dicen a gritos que es el momento de hablar también de la novia. Si hay algún evento en el que podamos actuar con total libertad en todos los sentidos, es en el día de nuestra boda. Existe un protocolo sobre este tipo de actos, sin embargo en este caso yo recomiendo más que nunca, sentido común. Es nuestro día, y más que nunca tendremos que obedecer a lo que nos apetece. A lo que queremos. Tenemos que pensar que es nuestra fiesta, nuestro momento y haremos algo que nos identifique. El protocolo lo marcaremos nosotros. Así que reflexionaremos sobre las múltiples posibilidades que hay de ir vestida de novia sin caer en tópicos. O maneras originales de vestirse de novia.

El vestido de novia es uno de los grandes protagonistas de la ceremonia. No es un vestido cualquiera. Es un vestido especial, el vestido. Cada vez es más sencillo encontrar el que se adapta a nuestras necesidades, el que soñamos, ya que son muchos los diseñadores que incluyen una línea de novia en sus colecciones. Además, clásicos como Pronovias o Rosa Clará presentan completísimos muestrarios propios y compuestos por diseñadores invitados para todo tipo de gustos y de bolsillos. Con todo, puede ser que nos apetezca ir diferentes. Ése es nuestro estilo habitual y en el día de nuestra boda no tiene por qué ser diferente.

Podemos innovar con los tejidos o con el corte. Y atrevernos a ir incluso en pantalones. O utilizar un vestido que no ha sido diseñado para novia. Podemos llevar un sombrero en lugar de un velo. O llevar unos guantes cortos. Incluso un minivestido. O que el que elijamos no sea blanco, sino de cualquier otro color. O con algún detalle en tejido y color diferente. Si nos apetece romper totalmente con lo establecido, podemos echar un vistazo a colecciones como las de Pedro del Hierro o Alma Aguilar, entre las que podemos encontrar estupendos vestidos que no han sido concebidos como para novia pero que podrían funcionar a la perfección en un evento de tales características.

Lo mismo sucede con el calzado. Podemos huir de las típicas colecciones para vestido de novia y llevar aquellos zapatos que nos encanten. Unos maravillosos peep toe plateados o unas sandalias con tiras al tobillo en color escarlata.

Eso sí. Fundamental, más que el vestido, es elegir al novio. Al fin y al cabo, lo tendremos que llevar puesto toda la vida.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: extramaquillarte. Aún cuando decidas vestirte extravagante, llevar plumas, pantalones o una minifalda; intenta que tu maquillaje sea lo más natural posible. Innova con complementos, más que con pintura.
Comprarte unos zapatos incómodos. La noche será larga, y acabar descalza no tiene glamour ni siquiera en tu propia boda.
Cuidado con la ropa interior. Más que nunca es algo que tendremos que cuidar. Buscar siempre aquella que se adecúe al vestido que vamos a llevar puesto. En ocasiones, no ha de ser tan provocativa ni especial como nos imaginamos. Lo cual no significa que no podamos llevarla después...
Comprarte un vestido sólo porque es de uno u otro diseñador o porque sea de lo más alternativo, diferente, llamativo o único. Si no te favorece da igual lo distinto que sea, te hará un flaco favor. Busca siempre aquel que te siente como un guante. Como si estuviera esperándote nada más a ti. Aunque sea de Zara. Pero que te haga especial.
Joyas. Cuidado con las joyas. No vayas a colocarte las pulseras de la suerte que siempre llevas colgando.

Lo encontrarás en: el primer vestido de estilo sirena confeccionado en tafetán es de Vera Wang. El segundo, un mono de Alma Aguilar; y el tercero, un vestido en chiffon de corte romántico de Carolina Herrera.

viernes, 25 de abril de 2008

Un buen día

Esta semana está claro que va de bodas. Hemos visto los quebraderos de cabeza que supone encontrarnos con una invitación de boda. Sin embargo, el problema se vuelve realmente importante cuando la boda es de nuestro/a hermano/a o hija. El estilismo que elijamos ha de estar aún más cuidado por lo especial del momento. Así que hoy vamos a completar la entrada anterior y buscar el look perfecto cuando la boda es de alguien especial.

La máxima principal a la hora de decantarnos por un vestido en concreto, es pensar ante todo es qué favorece a nuestro cuerpo. Sin prestar demasiada atención a las modas ni a las revistas. Fundamental que seamos muy objetivas delante del espejo y buscar el que nos realce y nos haga más guapas. Lo siguiente es pensar que lo que importa es el corte y el tejido del mismo. Eso, añadido a una buena elección en materia de calzado, bolso, tocado, peluquería y maquillaje será lo realmente importante. Más que el vestido sea de uno u otro diseñador, o lo más exclusivo del mundo.

Me gustan las propuestas alegres, con colorido. Para eso estamos en verano. Decántate por algo floreado, o con lunares. Si tu cuerpo lo permite (y además eres la madre de la novia) decántate por uno entallado, como la última de las propuestas de la fotografía. Que si bien es sencillo, es también de lo más elegante. Compleméntala con una maravillosa cartera de mano maxi, como las de Miu Miu y unos zapatos peep toe de tacón.

Para las más atrevidas, la segunda propuesta puede resultar espectacular. Un vestido sencillo con un corte magnífico que funciona por sí solo, sin necesidad de recargarlo con complementos excesivos.

Si eres alta y buscas un look mucho más espectacular, no dejes de llevar un vestido largo. Pero lejos de las propuestas de toda la vida, las de gala. Lleva un vestido o bien corto delante que evoluciona a largo detrás; o largo exagerado, con una pequeña cola. Mejor es tirarse de cabeza y atreverse de golpe, que las medias tintas más propias de fiesta de fin de año.

En general, las recomendaciones son las mismas. La elegancia no consiste en recargar. Es mejor elegir un elemento magnífico que puede ser el vestido. O unos zapatos maravillosos frente a un simple vestido entallado. Siempre tacón y nunca bolsos al hombro.

El complemento que jamás podrá faltar son los pañuelos de papel. Seguramente te harán falta.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: si eres la madre de la novia intenta huir, en la medida de lo posible, de los brocados, los tafetanes, las organzas y demás tejidos rígidos. También evita esos conjuntos de falda larga y chaqueta cuello chimenea y manga francesa.
Llevar tu colección de pulseritas de hilo, de cuero, de plata o de lo que sea. No van con el vestido, y aunque no te las hayas quitado desde que has hecho la comunión, siempre hay una primera vez.
Ir mal peinada o ultramaquillada. Es tan importante como la ropa que te pongas. Si no tienes mucha mano con el maquillaje, o no te sientes cómoda maquillada, acude a un profesional. A no ser que quieras imitar a Carmen de Mairena como sorpresa de boda.
Abusar de los complementos. Sobre todo si el traje ya lleva lazadas, composiciones en tela, plumas. O tú llevas un tocado o flores en el pelo.
Ir de bailarinas. Salvo que sea por una obligación de salud, evítalas. Si no se te da bien andar en tacones, hazte con un tacón midi. Algo siempre estiliza. La elección de los zapatos es tan importante como elegir vestido.
Elegir un vestido que te ponga años encima, o todo lo contrario. O que no se te adecúe a tu cuerpo. Seamos objetivas en el momento de mirarnos al espejo, y por mucho que nos hayamos enamorado de la prenda, pensemos si está hecha realmente para nosotras.

Lo encontrarás en: el primer vestido de la fotografía es de Pedro del Hierro. El segundo, de Giambattista Valli; el tercero de Diane von Furstenberg; y el último, de Loewe.

miércoles, 23 de abril de 2008

No puedo decir que no

A un jardín que jamás produce alergia ni urticaria porque todas sus flores son únicas y especiales no se le puede decir que no. Es lo que me sucede con Lulaila, que me nomina a un meme de esos que se empeñan en hacerme hablar de mí, cuando es lo que menos interesa en este blog. Pero a ella no puedo decirle que no. Es magnífica y divertida, como sus niñas. Si no lo hiciese, a saber lo que acabaría haciéndome Casilda desde la solapa...

Este meme va más o menos de hablar de 6 cosas que me gusten y 6 cosas que me den igual. Es el meme más complicado del mundo, en realidad... Porque la lista de cosas que me gustan en infinita, y muy complicado reducirla a sólo 6 ítems. Allá voy. A intentarlo.

Las seis cosas que me gustan:
1. Cantar. Me encanta cantar. Me aprendo todas las canciones del mundo con sólo escucharlas una vez. Y siempre me encantan todas, aunque sea la sintonía de la telenovela de turno. Lo mejor de todo (en realidad, lo peor para el que escucha), es que canto fatal. Lo hago horriblemente mal.
2. El flamenco. Me pone la piel de gallina. Me gusta ver cantar flamenco, escucharlo, que lo bailen y bailarlo. No lo hago nada mal, que conste.
3. Lo absurdo. Como Chiquito de la Calzada o Faemino y Cansado. O el anuncio de "jooooo mamá, que me ha quitado el ponyyyyyyy". O Hello Kitty. Las tonterías siempre me han hecho gracia. Y me la seguirán haciendo toda la vida. A lo mejor por eso me entiendo bien con los niños pequeños. Por esa parte tan básica de mi cerebro...
4. El arte. Pintura y fotografía son mi debilidad. Si fuera rica tendría una colección propia. Me gusta visitar museos y cuando voy de viaje aprovecho para conocer el de la ciudad. Mi perdición es el arte contemporáneo, el Georges Pompidou, el Guggenheim de Bilbao, el Reina Sofía de Madrid, la Tate Modern...
5. El calor. Tengo una resistencia máxima al calor. He comprobado que mi cuerpo sólo empieza a fallar a partir de los 50º. Hasta ahí, puedo vivir incluso sin aire acondicionado. Me gusta todo lo que sea calor, como ducharme con el agua casi hirviendo (lo sé... no es sano, pero lo subsano con agua fría final que aborrezco, por cierto) o los edredones nórdicos aunque sea agosto.
6. Contemplar. Estaría todo el día sentada en un banco, en la calle, mirando a la gente. Observándolos, fijándome sólo en sus zapatos y después en el resto del cuerpo e intentanto adivinar su vida. O en la orilla del mar, escuchando solamente las olas, sin hacer nada más, mientras el sol se pone. O boca arriba en el campo o en la playa, mirando el cielo aunque no tenga nubes.


Las seis cosas que me dan igual:
Si definir seis cosas que me gusten es difícil, decidirme por las que me dan igual todavía lo es más. Porque lo que me da igual es que en realidad lo elimino de mi mente. A ver qué sale...
1. Me da igual el/la dependiente/a pesado/a que se empeña en hacerme creer su criterio mientras me pruebo algo. Paso bastante de presiones.
2. Me da igual que los conductores agobiados de la vida se pongan bordes. Entro en un estado de trance absoluto y por un oído me entra y por otro me sale. Eso sí, siempre y cuando no sea yo la que comience poniéndose borde...
3. Me da igual no tener ni idea de matemáticas, ni siquiera las básicas. No me esfuerzo ni lo más mínimo porque los números me repelen. Soy incapaz de recordar una matrícula de un coche que no sea el mío o el número de teléfono diferente al mío. Tengo que usar los dedos para calcular las vueltas y siempre llevo una calculadora. Los números pasan ante mí como si no existiesen. Y me dan tanto igual...
4. Me da igual caerme en la calle, o tropezarme. Tengo un sentido del ridículo bastante desarrollado y no me importa en absoluto.
5. Me da igual viajar a uno u otro lugar. Siempre que sea viajar, me da lo mismo el destino.
6. Me da igual la gente caprichosa, pesada, desconfiada, mentirosa, envidiosa, insulsa, tonta y repelente. En el momento exacto en el que visualizo especímenes de este tipo, dejan de ser entes con vida.

Ya está. He de reconocer que fue durillo. Lo siguiente en las reglas es nominar a 6 personas. Será complicado, porque esto de los memes circula a gran velocidad.

Los nominados:
Maba: porque su escaparate es una visita obligada cada día. Por su manera tan especial de escribir, tan cercana. Y porque es mi amiga y tiene una niña que está para comérsela. Y esto lo digo con total conocimiento de causa.
Miu: por su inteligencia e integridad. Por hablarnos de manera tan directa, abriéndonos su interior y dejándonos pasar a su vida.
Lady De: no puedo decir nada más que porque es fantástica. Es el glamour hecho mujer.
Auro: porque es el mago, el rey de la belleza, el creador de princesas. Porque lo adoro.
Miss M: porque esta niña es mi debilidad. Tanta frescura y dulzura en un mismo blog. Además le encanta Liniers, que es genial.
Olhate: por ser casi una recién llegada. Por tener siempre unas palabras amables y de agradecimiento.
Mr. Bag: porque espero que tampoco sepa decirme que no. Porque su último meme fue magnífico, alucinante y me he quedado con ganas de más. Porque me gustaría descubrir al caballero que lleva dentro, al ser elegante que se descubre tan poco a poco, envuelto en un aura de misterio que irremediablemente nos engancha.

Fin del meme. Que tengáis un buen día del libro.

martes, 22 de abril de 2008

My way

Las hay a lo largo de todo el año, pero una vez que comienza el buen tiempo se convierten en un fenómeno imparable. Hablo de las bodas. Algunas nos hacen extraordinaria ilusión, otras son especiales y unas pocas que constituyen más un compromiso que una diversión. Sin embargo, todas reúnen un asunto en común: nos compramos algo directamente destinado al fondo del armario. No tiene por qué ser así. La semana pasada dedicaba una entrada a cómo informalizar una prenda adquirida para una ocasión especial. Así que, si compramos pensando en la ambigüedad, podremos disponer de ropa para lucir más de una vez, y al mismo tiempo, salirnos de lo habitualmente establecido. Eso sí, sin perder de vista el saber estar y el protocolo.

En una de estas situaciones se encuentra Moon. Tiene una boda dentro de poco y quiere salirse de lo habitual. Lógico, teniendo en cuenta que ése sería su estilo propio, ya que es una persona atrevida, con sentido del humor, irónica, inteligente, divertida y mil adjetivos más que destilan sus historias. Siempre recomendables. Como me considero fan absoluta de sus palabras, intentaré echarle una mano para encontrar soluciones alternativas para un atuendo de invitada de boda.

Son muchas las opciones para escapar del típico vestido entallado o palabra de honor, con lazo a la cintura, drapeados, escote pico, largo a la rodilla, tules, gasas, shantung, brocados, tirantes y demás recursos. No es que estén mal (que no es el caso). Simplemente que si ya hemos tenido muchas bodas estamos cansadas de utilizarlos. O que no van para nada con nuestro estilo porque somos más atrevidas. De ahí, lo siguiente:
  • el vestido de flores: lo último este año. Y si es largo, mucho más. Perfecto para chicas con poca cadera, rectas o sin apenas cintura, ya que el corte imperio permite disimularlo. Lo mismo con el tema de las tripitas. Ideales con sandalias de tacón de inspiración romana y bolsito de mano blando, con boquilla. Todo muy romántico. Atrévete con un tocado de corona alrededor de la frente o con el pelo trenzado a modo de diadema. Cúbrete los hombros con un bolerito. Puedes ponerte unos pendientes grandes, aprovechando que llevas los hombros descubiertos. Si los pendientes no son lo tuyo, decántate entonces por un collar largo, de cuentas gruesas.
  • las dos piezas desestructuradas: tejidos rígidos como el raso en colores fríos como una combinación de grises, piedras y crudos. Faldas globo, bermudas bombachas. A la cintura o a la cadera. Camisas abiertas, mangas japonesas, cuellos redondos. En definitiva formas nuevas que de por sí son diferentes y originales. Utiliza zapatos de tacón de colores planos, con algún elemento original, como los de Pedro García. La cartera de mano ha de ser de lo más discreta. Lo mismo con el maquillaje y los accesorios: todo muy neutro. El protagonismo lo tienen los cortes de las prendas.
  • El pantalón sailor: en principio es una prenda poco apta para una boda. Pero todo depende de cómo lo combinemos. Si nos inspiramos en los 70 y lo combinados con unas sandalias altas, de cuña, una blusa en chiffon de manga abullonada, cuello redondo, amplia (puede ser con flores chiquititas o con lunares) y una carterita de mano rígida estaremos de lo más ideal. Si la boda es al mediodía, podemos atrevernos incluso con una pamela blanda, de ala ancha, estilo pirata. De complementos, la pulseras son nuestro objetivo.
  • El vestido atrevido: corto, corto, cortísimo. Es verano, momento de lucir las piernas morenitas y maravillosas. Un vestido de seda, vaporoso, en movimiento. Con un corte original y combinado con sandalias de tira al tobillo. Juega con el choque de colores: gris+coral, gris+verde, gris+rosa palo (por hablar de grises, aunque las combinaciones de colores son siempre infinitas). Lleva una cartera de mano también de color, y luce en tu cabeza un tocado. Una tendencia de lo más coqueta que convierte en especial cualquier prenda que te pongas. Los tienes de todos los tamaños, ajustados siempre a tu corte de cara, de pelo y a tu estilo (más o menos grandes, el material, la manera de prenderlo al pelo). Un vestido corto de este estilo es el soporte ideal para lucirlo, ya que le da el protagonismo que merece, sin mezclarlo con un sinfín de elementos más.
Vestido largo o extracorto, faldas desestructuradas e incluso bermudas, o pantalones de talle alto como opciones diferentes para ir a una boda. Da igual dónde lo hayamos comprado. Lo fundamental es que se ajuste a nuestro estilo, que esté confeccionado en un buen tejido y que no nos sintamos como si lleváramos un disfraz. Inspírate siempre en ti misma. Al otro lado del espejo hay más potencial del que te crees...

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: si en invierno mi cruzada eran las medias transparentes, en verano serán las gafas de sol. Os aconsejo que no os las llevéis nunca a una boda. Salvo por razones de salud. Pero es simplemente un consejo. Si te vas a pasar la mañana guiñando los ojos provocando a los maridos de todas las invitadas y granjeándote enemigas y posibles zancadilleadoras a lo largo de la velada, es mejor que te las pongas.
Un maxibolso. Aquí sí que no hay disculpas. Si tienes niños pequeños y necesitas llevar cosas, puedes coger una bolsa de papel o la bolsa del niño. Pero evita en la medida de lo posible el uso del shopping bag, ya que informalizará tu estilo.
Los vestidos floreados largos pueden llevarse durante el día, ya que por el tejido en el que están confeccionados se admiten en este tipo de bodas. Son temas que cambian, como lo de acudir de color negro (en la actualidad, muy en boga). Sin embargo, siempre que sea posible, yo evitaría este color (más en verano). Eso sí, si te decantas por faldas o vestidos largos, olvídate de lentejuelas y cosas que resplandezcan, can-can, tules, corsés brillantes, chales reflectores y demás elementos habituales del tema boda. Un poquito pasados de moda ya... ¿no?
El chal... no. No al chal. Se han inventado estupendos sustitutos como los boleros.
Si eres bajita y con la cadera ancha olvídate de los vestidos largos y corte imperio. Tampoco te decantes por pantalones de pata ancha y cintura alta. Mejor un vestido corto o una falda corta.
Si tienes las piernas cortas o torcidas, no te pongas sandalias atadas al tobillo. Resaltará más estos defectillos. Estilízalas con sandalias despejadas en el empeine, escotadas. O con peep toe.
Abusar de las flores. Si eliges un vestido o top floreado, no lleves bolso ídem y además flores en el pelo o en los pendientes o en las sandalias. Acabarán regándote.
Vigila y cuida tus pies. Aunque vayan por el suelo, son parte de tu cuerpo y muy importante además. Sé objetiva con ellos, y si ves que no son tu fuerte, no llevas sandalias. Cálzate unos peep toe o una sandalia de tira ancha que cubra tus partes débiles.

Lo encontrarás es: según el orden de las fotografías presentadas arriba, el vestido floreado es de Hugo Boss, el conjunto desestructurado de Sophia Kokosalaki, el pantalón sailor de Comptoir des Cotonniers y el vestido con lazo al cuello de Derek Lam. Otras opciones más económicas en Tintoretto o Mango.

sábado, 19 de abril de 2008

Sigue lloviendo

Los embalses lo necesitan para paliar esta incipiente sequía que se avista en algunos lugares de nuestra geografía. Pero desde nuestro egoísmo estilístico pedimos a gritos un cese de lluvia -ya- para empezar a lucir nuestras pequeñas adquisiciones. Mientras el sol no se digne a salir y de paso, caldear levemente el ambiente, no nos queda más remedio que convivir con esta aburrida lluvia. Aburrida porque nos obliga a vestir una y otra vez de la misma manera. Nos deja muy poco espacio libre para la improvisación. Por supuesto, esto tiene que cambiar, así que vamos a intentar buscar nuevas opciones para sentirnos chic en un día anodino de lluvia.

Si el cielo se empeña en no cambiar de color, seremos nosotras las que le aportemos la alegría que le falta. Así que démosle rienda suelta a la paleta y luzcamos coloristas, que siempre aporta algo de positividad.

Dos opciones posibles siempre acompañadas por un trench y un paraguas:
  • una camisa blanca, amplia, con pechera de frac y cuello esmoquin, combinada con unos pitillo de color rosa fucsia y unos botines de color gris. En la cadera, un cinturón ancho para abullonar la camisa que puede ser de color verde si nos atrevemos a seguir metiendo color.
  • una camisa de cuello claudine y manga corta, de algodón de batista y color berenjena que podemos combinar o bien con un pitillo de color verde pistacho y unos botines, por qué no, naranjas. O con una falda de talle alto de color negro y medias opacas flúor en berenjena o para las atrevidas, en amarillo mostaza. El zapato, en este caso un oxford abotinado.
Si el clima se empeña en ponerse, además, frío, abriguemos nuestros cuerpos con una chaqueta de punto bajo en trench. En el caso de la camisa blanca, la elegiremos con grecas, en punto algo grueso y de colores. En el caso de la camisa berenjena, si es con los pitillo de color, optaremos por una larga. Si es con la falda, con una de cuello redondo.

Para un día a día con es este caso, un maxibolso es la mejor opción. De piel blanda y colores como los de Mulberry. Y si los paraguas te dan alergia, anímate con un gorro de lluvia. Los de corte borsalino son de lo más especial.

Lo único que queda es conformarse y esperar al buen tiempo. Que la lluvia, después de todo, tampoco es tan mala. Sobre todo si podemos quedarnos en casa, viendo llover a través de la ventana y con una cajita de bombones Godiva. Con lo que llueve, aún queda lejos la operación bikini...

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: llueve mucho, está claro. Pero estamos en primavera, así que en la medida de lo posible, evita las katiuskas.
Se trata de aportar color a días tristes, pero hazlo con mesura. Si lo tuyo no son las mezclas arriesgadas, opta por elegir un sólo elemento atrevido: un bolso de color, las medias, el calzado...
Pasar frío sólo por lucir tu trench. Ponte una parka, irás igual de maravillosa.
Los gorros de lluvia cutres o extralogotipados. Si decides cubrirte, que sea de una manera original, pero no conviertas tu cabeza en una valla publicitaria.
Ponerte pantalones de pata ancha. Más que nada, para no llevarte a casa algunos de esos centímetros cúbicos que caen del cielo.
Aburrirte y rendirte al clima. Tu armario puede dar mucho de sí todavía. No te pongas día tras día ese jersey de cuello vuelto del que no piensas deshacerte hasta que Mr. Picazo nos de la gran noticia de la llegada del sol para quedarse.
Llevar un bolso de nylon. Se mojará lo que llevas dentro, sobre todo si llueve al más puro estilo caribeño. A mares, que se suele decir.

Lo encontrarás en: la camisa blanca es de Zara. La de color berenjena, de H&M.

miércoles, 16 de abril de 2008

El Grand Prix del verano

No. No va de gente corriendo delante de vaquillas, ni de disfraces de gomaespuma. Va del furor de la Fórmula 1 que amenaza con desvanecerse si el R28 de Fernando Alonso no empieza a pelearse más allá de la octava posición. Va del Gran Premio con mayúsculas, de uno de los deportes con más glamour de la actualidad. No en vano compiten escuderías como Ferrari o McLaren Mercedes, que con esos nombres ya nos queda más que claro que lo que no faltan son los euros.

En breve aterrizarán con todo su ruido en Barcelona, en Montmeló. Más concretamente, el 27 de abril, día de la carrera. Bastante antes de lo que se celebró el año pasado, por lo que el calor (otro de los grandes enemigos de la jornada) no será tan aplastante como en otras ocasiones. Si el próximo 27 está dentro de nuestros planes el pasarnos por Montmeló, veremos cómo acertar y disfrutar con la máxima comodidad posible, vistiéndonos para una carrera de Fórmula 1.

Antes de nada, no es lo mismo visionar la misma desde el Paddock con su catering y todo, que desde Pelouse, rodeaditos de campo, de gente y de calor, con esperas interminables y poca visibilidad. De todos modos, la propuesta es fácilmente adaptable a sea cual sea la tipología de entrada de la que se disponga.

Decía que este año no está asegurado ese enorme calor que suele caracterizar al circuito. Aunque de todos modos, lo hará. Así que jugaremos con prendas versátiles que nos permitan readaptarnos según evolucione el día. Ya que habrá que salir temprano, y mientras no caliente el sol hará algo de fresquito, aconsejo un foulard muy fino, que llegado el momento no resulte molesto cargar con él. También una chaqueta de punto o un jersey. Si vemos que el día amenaza lluvia, un trench informal en color gris como los que propone H&M. La base la constituyen unas bermudas anchas, de algodón y en color blanco. Aunque es un color manchadizo, hay que tener en cuenta que no absorbe el calor. Para las manchas existen recursos maravillosos. En la parte superior llevaremos una camiseta de algodón, también de colores claros.

Para nuestros pies, es aconsejable un calzado cómodo y fresco. Por ejemplo, estas sandalias que propone Camper. Con una pequeña cuña que resultan más cómodas para las esperas de pie, y sobre todo, de piel blanda. También son admisibles unas bailarinas de ante bicolor de Puma, según nuestro estilo.

Del bolso deberíamos de olvidarnos. Podemos en todo caso, decantarnos por algo estilo bandolera, en loneta o nylon. La mejor opción, sin duda, un Funny Pack (riñonera de toda la vida) como las maravillosas de Gucci o de Louis Vuitton. Fantástica ésta que luce Yose.

En resumen, se trata de ir cómodas, de mitigar en lo posible el calor (o la lluvia, que esperemos que no aparezca), y sobre todo, de no perder la compostura. Que por muy malas que sean las condiciones, nosotras no dejaremos de estar estupendas y maravillosas.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: olvidarte de llevar una gorra. Fundamental. Por supuesto, elige alguna discreta, en ningún caso llena de logotipitos a rabiar (y menos si son falsos) o con strass brillante a muerte. Si llueve, un gran paraguas será imprescindible.
No comprar tapones para los oídos. Esenciales si quieres conservar tus tímpanos. El ruido puede llegar a ser ensordecedor. Inimaginable. Aún con ellos, es una locura...
Dejarte las gafas de sol en casa. Acelerarás la salida a la superficie de tus patas de gallo. Por si acaso, no te las olvides. Decántate por un estilo aviador, que van más con ese look informal que lucirás.
Llevarte el bikini. ¿Has visto el mar o la piscina en medio de la pista? No. Pues entonces déjate el bikini en el hotel y ya te darás un baño al llegar.
No ponerte protección solar. Aunque veas que no hace mucho sol, póntela igualmente. Más vale prevenir.
Evita llevar chanclas. Por ser demasiado planas pueden cansarte más. Si llevas zapato o bailarina, que sea de piel. De no ser así, con el calor y el número de horas puedes desarrollar ampollas del tamaño del circuito al completo. El calzado que elijas habrá de ser cómodo. El día de la carrera seguramente tengas que subir andando desde el pueblo hasta el circuito. Y es un paseíto...
Tacones. Ni en el Paddock. Seguramente haya mujeres que los lleven. Yo no los aconsejo, están fuera de lugar.
Lucir prendas excesivamente cortas, como minifaldas o minishorts. Sobre todo si estás en Pelouse, que tendrás que sentarte en el suelo.

Lo encontrarás en: las bermudas son de Massimo Dutti. El foulard, de artesanía mexicana.

lunes, 14 de abril de 2008

Segunda vuelta

Más de una vez nos hemos comprado alguna prenda para un evento en concreto, para algo especial. Un vestido que nos enamora para una boda, en el que nos gastamos algo más pero que después vemos permanecer muerto del aburrimiento perdido en nuestro armario. Nos arrepentimos de habérnoslo comprado porque no le sacamos partido aún con lo que nos ha costado. Sin embargo, existe vida más allá del armario. Vamos a ver cómo darle una segunda oportunidad a un vestido del que disfrutamos en un momento determinado. Cómo informalizarlo y usarlo más a menudo.

El punto de partido es un vestido de seda, corte túnica, con escote barco, bolsillos, manga francesa abullonada y corto. En su momento lo lucimos con tacón cuadrado y un gracioso tocado. Pero para el día a día, ¿qué hacer con él?

Dos posibles soluciones:
  • llevarlo con sandalias de cuña muy bajita, pulsera al tobillo y abiertas delante. Estampadas le darán un punto más chic. Lo llevaremos con una chaqueta de punto fino y del largo del vestido, en color azul eléctrico, del mismo tono que las sandalias. En la mano, un maxibolso de piel blanda como los de Mulberry.
  • otra opción puede ser combinarlo con un fajín de piel, de doble vuelta anudado en la parte delantera, de color vino. Una chaquetita de punto y cuello redondo, manga francesa también en vino, cuñas de color naranja y el maravilloso Margaretha Bag de Escada.
No te olvides de las gafas de sol, de unos maravillosos pendientes y sobre todo de tomarte algo en una terracita de verano. Que por muy lejano que nos parezca, está ya a la vuelta de la esquina.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: cuidado con la ropa interior. Estos vestidos tan cortos tienen mucho peligro.
Ojo con los bolsos. Si te decantas por la rafia, mejor que sea en una cartera de mano, ya que si lo llevas en un bolso enorme, engancharás la seda y lo estropearás. Una pena, después de tanto tiempo de conservación en el armario.
Recargarte. Si en su momento fue un vestido para un evento, piensa que rezuma elegancia, que de por sí es suficiente. Así que no le pongas todo tipo de adornos.
Tampoco lo pongas para ir a la playa. Se trata de informalizarlo, no de estropearlo. Es adecuado para dar un paseíto, para tomarte algo, para irte de cena... pero no lo metas en la playa. Para eso hay tejidos más adecuados, como el algodón, por ejemplo.
Atreverte no significa hacer experimentos raros como ponerlo con una cazadora vaquera. No, ni hablar...

Lo encontrarás en: el vestido es de Tony Cohen para H.A.N.D. Las sandalias, de Hoss Intropia.

viernes, 11 de abril de 2008

Primavera de bendiciones

Se acerca mayo. El mes de las flores y de las comuniones y bautizos. Fiestas que llegan con el buen clima, como las ganas de pasar más tiempo en la calle. Fiestas que suelen ser por la mañana, nunca de noche, por lo que su código de vestimenta es menos rígido y permite licencias. Así que si en un momento determinado nos encontramos con una invitación a un evento de este tipo, podremos reciclar prendas de nuestro armario o bien hacernos con algunas de nueva adquisición que nos sirvan para cualquier otro momento del venidero verano. El tema de hoy será cómo vestir de manera adecuada, y con prendas que podamos seguir utilizando, para acudir a un bautizo o una comunión.

Si es una celebración de mañana existe ropa que relegamos y en las que ya ni pensamos. La propuesta pasa por una blusa de algodón muy fina, de manga corta y canesú fruncido en color rosa palo, que combinaremos con una falda de talle alto, de piqué, largo a la rodilla. La blusa irá metida dentro de la falda de manera que se abullone levemente en el pecho y resalte el aire romántico de la misma. Podemos sustituir la blusa de color liso por otra en chiffon y floreada. Y la falda puede ser de color gris.

Para cerrar el conjunto de aire primaveral e infantil, llevaremos una cartera de mano. Si la blusa es lisa, nos podremos permitir todo tipo de licencias coloristas y de acabados y materiales. Hacernos con una floreada en abalorios y cierre de boquilla sería perfecto. Una sandalia de Pura López, con plataforma delantera estilizará nuestras piernas. También se admite un zapato abotinado con tacón de piel trenzada como los que presenta Bottega&Veneta. El complemento final será un tocado de diadema, con algún detalle en fieltro o en pluma presentado de manera delicada. Desde las diademas de Bimba&Lola y Hoss Intropia hasta propuestas más innovadoras que pronto veremos por aquí...

Volved al pasado, a disfrutar desde otro punto de vista un momento que algunos de nosotros vivimos hace años. Compartid la felicidad de aquellos que nos invitan y brindad. Siempre es un momento estupendo para brindar.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: ir en vaqueros. Vale que es una celebración de caracter informal y que el vaquero cada vez es más versátil, pero huye de ellos en este tipo de actos. Si no quieres llevar falda, puedes optar por un vestido, por un pantalón ancho o por un ultra slim de shantung.
No te ultra-arregles. Ni por exceso ni por defecto. En casos como éste, la virtud más que nunca está en el medio. No se trata de aparecer con una camisa y un vaquero como si nos fuéramos a tomar la cervecita de turno pero tampoco parecer la madre de aquel/lla que va a recibir el sacramento. No es protocolario brillar más que la anfitriona, así que seamos comedidas en cuanto a nuestros brillos y abalorios.
Las medias... en fin, si no queda más remedio... y si el problema no es el frío si no el color de tus piernas, opta por un spray embellecedor y con brillo. Las deja maravillosas.
Cuidado con el bolso. Si no quieres llevar una cartera de mano, decántate por los bolsitos de colores, mini, de Marni. Pero evita el bolsón, y si no va lleno de logotipos, mucho mejor.
Llevar chal. Ha muerto. El chal terminó su vida por el momento. Si tienes frío (que es lo más lógico en este tiempo), opta por una chaquetita corta, en punto fino, o por una chaqueta de corte capa y manga francesa (en Blanco siempre las hay).
Las gafas de sol. Particularmente pienso que están fuera del protocolo de este tipo de eventos, al igual que fuera de las bodas. En cambio sí está bien visto el uso del abanico en caso de que haga excesivo calor.

Lo encontrarás en: la blusa es de Zara. La falda, de Massimo Dutti.

jueves, 10 de abril de 2008

Por sevillanas

Nunca antes fue más cierto aquello de que en abril, aguas mil. El mes ha empezado con toda la fuerza acuática y climatológica del mundo, con esas nubes rabiosas y cargadas de agua que dejan tras de sí un Real de la Feria sevillano absolutamente desolador, que no desolado. Porque llueve en la calle, no en las casetas. Y no hay nada que venza el espíritu de fiesta que se respira en esta semana de feria de abril.

Los que han nacido aquí lo llevan en la sangre. Las mujeres se visten de flamenca y los hombres de traje y corbata. Las casetas se llenan de lunares, flores y peinas. De varones engominados, de chaquetas de colores para los más atrevidos, de corbatas de colores. Sobre todo, de música. De muchas sevillanas, tangos y alguna bulería para ayudar a bajar el rebujito.

Los que vienen por primera vez disfrutarán tanto como si llevasen aquí toda la vida. Y lucirán sus galas del mismo modo, porque no hay que ser sevillano para vivir la feria. Lo dice una gallega que ya ha pasado unas cuantas. Así que analizaremos las claves para disfrutar de la feria de Sevilla, de Jerez, de Málaga o de cualquiera de las muchas que se celebran en Andalucía. Y por supuesto, vestir acorde al momento.

Los hombres lo tienen más limitado. Lo habitual es lucir un traje de chaqueta y arriesgar con la corbata, que puede ser de lunares o de colores vivos. Sin embargo, existen otras opciones como las chaquetas de colores o los trajes de chaqueta de color beig. Incluso pequeños detalles inspirados en el "señorito andaluz" que pueden dar mucho juego, como un pañuelo al cuello, el pañuelito en la solapa o pantalones de color. Siempre con estilo, como Mr. Bag sabe hacer.

Las mujeres tenemos un juego infinito. Podemos decidir si vestirnos de flamenca o no. Veamos, entonces:
1. vestirse de flamenca es la opción más vistosa, femenina, seductora y cómoda para la feria. Todas las mujeres lucen preciosas con el traje de flamenca. Lo podemos elegir con o sin mangas, con o sin chaquetilla. Combinado de falda con cuerpo superior. De algodón, de satén, elástico, de piqué... Con encajes, con cintas pasadas, con tules y entretelas. Con mantoncillo al escote pico o a los hombros. Vestido largo o corto al más puro estilo Marisol. En el pelo, siempre una flor (o dos, en función de las melenas) en un lateral, en la parte superior de la cabeza, en el recogido o en la parte delantera, justo sobre la frente; y si el largo lo permite, también una peina.

Las opciones de vestido son miles, igual que los colores. Los más favorecedores son:
  • si tienes curvas elige uno con el escote abierto, de hombro a hombro. Manga al codo con volante. Entallado (no en grado sumo porque caminar, sentarse o agacharse puede ser una tortura) y con volantes desde la rodilla. Combinado con collares y pendiente no excesivamente largo.
  • si eres muy alta, aprovecha los de manga sisa, con volante en la manga y chaquetilla. O con un mantoncillo largo, con flecos. También los de manga larga, con volante en la muñeca. Abusa del pendiente, que tu estatura te lo permite. Ojo con las flores, mejor en los laterales de la cabeza.
  • las rectitas de cintura y poca cadera puede aprovechar la falsa cintura de una falda de talle alto combinada con un cuerpo ajustado, incluso con cuello chimenea simulando las prendas que lucen las amazonas. La falda entallada y fundamental muy ceñida en la cintura.
  • si eres bajita, atrévete con uno corto, a lo Marisol. Con mantoncillo de hombro a hombro y cerrado en el inicio del escote con un broche. Abusa de los pendientes y elige unos enormes, ya que tu escote queda desnudo. La flor siempre en lo alto de la cabeza, que simula más altura.
2. puede que a causa de la lluvia o de circunstancias no te apetezca o no te atrevas a vestirte de flamenca. También es una opción y puedes ir igualmente preciosa. Lo español está de moda y es muy fácil hacerse con prendas inspiradas en lo flamenco:
  • una camisa con manga de volante o con cuello claudine y lunares (como las que propone H&M) y una falda de talle alto. Un vestido blanco con collares largos y pendientes de flamenca. Cualquiera de las prendas de la colección de Flamenco Chic.
  • el complemento estrella por excelencia es el mantón de Manila. Si es bordado en color, mucho más vistoso. Si te vas a hacer con uno, vigila que sea bueno, o al menos que se corresponda con el precio que proponen. La calidad se mide por la cantidad de bordado y por el peso del mantón. El cuerpo de la seda y de los flecos también influye. Es una prenda muy versátil que puedes llevar de manera clásica con un vestido negro, o modernizarlo con un vestido camisero e incluso con unos vaqueros. Siempre es un placer usarlo.
Las opciones son infinitas, pero sin duda, la más elegante de todas es nuestra sonrisa. Nuestras ganas de pasarlo bien y de divertirnos, por mucho que desde la capa de ozono se ocupen en intentar "aguarnos" la fiesta.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: llamarle "faralaes" al traje de flamenca. Es traje (o vestido) de flamenca (y en todo caso, de gitana). Faralaes (plural de la palabra faralá) son los volantes de un vestido, normalmente regional. Es decir, cualquier vestido regional confeccionado con volantes sería un vestido de faralaes. Pero el vestido para la feria de abril (o cualquier otra feria en la que se pueda lucir un vestido de este tipo) es un traje de flamenca.
Llevarte el megabolso. Por supuesto, con el traje de flamenca ni se te ocurra ni el mega bolso ni el mini bolso. Existen opciones de bolsos bandolera para llevar con el vestido con las que no estoy en exceso de acuerdo, pero que son admisibles. El vestido tiene un bolsillito oculto entre los volantes de los bajos para guardar lo imprescindible. Pues eso, que el bolso para cuando no vamos de flamenca, tampoco ha de ser enorme. Las casetas están llenas de gente y normalmente no es cómodo guardarlo (los socios disponen de taquillas pero es bastante engorroso tener que estar abriéndola y cerrándola cada vez que necesitemos algo).
Utilizar unos zapatos incómodos. Los zapatos han de conocernos desde hace tiempo porque pasaremos horas de pie. Hay gente que viste de flamenca con alpargatas. A mí no me gustan, aunque con vestidos más sencillos y menos elaborados pueden tener un pase.
El traje de flamenca admite un "todo vale" en cuanto a complementos. Podemos utilizar pendientes enormes, collares, peinas, flores, mantones, abanicos, medias de rejilla, transparentes... todo. Pero que valga todo no significa que no usemos el sentido común. Si los pendientes son exagerados, evitemos el uso de collares, para que nos luzca el cuello y los maravillosos pendientes. Y viceversa.

Lo encontrarás en: mantones de Manila preciosos en Feliciano Foronda, en la calle Sierpes. Trajes de flamenca maravillosos de Cañavate, Juana Martín o Aurora Gaviño entre miles de las opciones. Más económicos en cualquiera de las calles entre la Plaza del Salvador y la Plaza de la Encarnación.

lunes, 7 de abril de 2008

Tardes con Verónica

Con la primavera se nos altera la sangre, se nos revolucionan las hormonas, dejamos a nuestros novios y tenemos otros nuevos, nos volvemos locos/as por comprar y ansiamos un cambio de look por encima de todas las cosas. Una revolución total que viene apoyada además, por la gran cantidad de festejos que comienzan a inundar nuestra geografía española. Los espectáculos taurinos son buena prueba de ello. Sin ánimo de polemizar y con el máximo respeto hacia creencias y posturas varias, en España existe una arraigada cultura relacionada con los toros. Son muchos los pueblos en los que dedican una fiesta (de una manera u otra, no voy a entrar ni en análisis ni en comentarios) a este animal tan de nuestra tierra, tan racial y hermoso. Sin embargo, la fiesta por excelencia son las temporadas taurinas, las corridas de toros. Para un aficionado (o un curioso, como es mi caso) no deja de ser un espectáculo digno de admiración en el que el color, la pasión, la música, la fuerza, la lucha y la raza del animal se mezclan bajo el sol y sobre el albero de una plaza entregada al arte del toreo. Hombre y animal protagonistas de una lucha en la que sólo puede quedar uno.

Es cierto que hablar de toros cada vez se está volviendo más políticamente incorrecto. Pero también es cierto que es necesario vivir la fiesta para poder hablar con propiedad sobre este tema, para poder emitir una opinión en contra o a favor de las corridas de toros. Al margen de toda esta polémica, como siempre me coloco en el bando de lo frívolo y me quedo con el maravilloso glamour de una tarde de toros a la que a vosotras puede que también os inviten. Veremos cómo acudir magníficas (como siempre, gracias a nuestros recursos existentes en nuestro armario) a una corrida de toros.

Como anticipo, avisar de que suele hacer calor. Mucho calor, aunque estemos en un tendido de sombra. Así que elegiremos un atuendo fresquito, que puede pasar por dos opciones:
  • una al más puro estilo Ava Gardner enamorada de nuestros toreros, suspirando desde la barrera totalmente afectada. Para ello, un vestido de batista de algodón, floreado, de tirantes, no demasiado escotado, con un lazo de raso a la cintura. Entubado y largo a la rodilla, pero no estrecho en exceso para poder subir escaleras. Lo complementamos con una chaquetita de punto de cuello redondo y manga francesa en color coral. Zapatos de ante negro con plataforma delantera, y en la mano una carterita pequeña. Cerramos nuestro particular homenaje a las divas del toreo con nuestro rouge divino de Guerlain y una gargantilla de perlas blancas.
  • si queremos estar más cómodas para poder movernos con más libertad, podemos optar por una blusa de chiffon, también floreada, de manga abullonada como las que presenta Mango, combinada con un pantalón ancho y un fajín. Un toque flamenco a través de los pendientes que propone Victorio & Lucchino será perfecto. Si tu melena te lo permite, atrévete con una peineta como las de Bottega& Veneta.



No te olvides de llevar un pañuelo blanco. Los toreros merecedores de orejas y rabo no siempre están en el ruedo...


Seguid tan guapas.

No se te ocurra: elegir un tendido de sol. Siempre que esté dentro de las posibilidades y puedas elegir, decántate por uno de sombra. Máxime en el sur.
Llevarte el maxibolso. Las plazas de toros suelen ser escasitas en cuanto a espacio entre filas. Tendrás suficiente para intentar acomodar tus piernas como para para intentar colar también tu bolso.
Olvidarte el abanico. No sólo por coquetería. El aire acondicionado creo que aún no ha llegado a las plazaz abiertas.
Entrar sin almohadilla para sentarte. Si el espacio entre filas no abunda y además tienes que sentarte en una piedra dura, tu tarde será de lo menos gloriosa. Puedes hacerte con una de alquiler, y si lo prefieres cómprala. En Sevilla puedes hacerlo en los alrededores de la Maestranza, en la c/Adriano.

Lo encontrarás en: el vestido es de Roberto Verino, de hace un par de temporadas. Sigue existiendo en algunos outlets de la firma. Las chaquetas de punto, en Lefties o H&M.
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